Zafra siempre ha tenido un espíritu independiente, y nada lo refleja mejor que la historia de su Iglesia Colegial. Lo que hoy admiramos como un remanso de paz barroca, fue en su día el epicentro de un auténtico «cisma» local: un pulso de poder entre los Duques de Feria y el Obispado de Badajoz.
Un Estado dentro de un Estado: El sueño del Duque
Para los Suárez de Figueroa, Zafra no era una villa más; era la capital de su estado señorial. Por eso, el empeño de Lorenzo Suárez de Figueroa y su hijo Gómez no fue solo religioso, sino político: querían una Colegiata que dependiera directamente de Roma y del patronazgo ducal, restando autoridad al Obispo de Badajoz.
Este deseo se materializó tras largos pleitos y gracias a la Bula del Papa Paulo V (1609), confirmada años después por la Cédula Real de Felipe IV. Zafra lograba así una autonomía eclesiástica que marcaría su identidad durante siglos.
Protocolo y Discordia: El incidente del asiento
La tensión entre el Abad de la Colegiata y el Obispo no era solo de papel; llegaba a las manos y a los gestos públicos. Cuentan las crónicas (recogidas en estudios de José Sarmiento Pérez) que los conflictos jurisdiccionales eran constantes.
- El pleito por el asiento: En las ceremonias solemnes, la disputa por quién debía ocupar el lugar de honor era encarnizada. El Abad, como representante del Duque, defendía su territorio frente a las visitas del Obispo.
- La independencia de rentas: La Colegiata gestionaba sus propios beneficios, algo que Badajoz miraba con recelo, viendo cómo la «Sevilla la Chica» se escapaba de su control administrativo.
Píldora TurismoZafra.com: Cuando visites la Colegiata, recuerda que cada rincón fue ganado tras décadas de pleitos. No solo estás ante un monumento, sino ante el símbolo de la soberanía de los Feria frente al poder central de la época.
El fin de una era
Este «micro-estado» religioso funcionó con éxito hasta bien entrado el siglo XIX, cuando la Reforma Beneficial y los cambios políticos terminaron por suprimir la Colegiata en 1851, devolviendo su jurisdicción a Badajoz. Sin embargo, el orgullo de aquel «cisma» sigue impreso en sus piedras.
¿Conocías esta faceta rebelde de nuestra Colegiata? La próxima vez que cruces sus puertas, búscala en los detalles del coro y el altar.
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La Colegiata es solo el principio. La historia de los Duques de Feria esconde intrigas que dieron forma a nuestra ciudad tal y como la conocemos hoy.
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