Si paseas por los soportales de la Plaza Chica de Zafra, es fácil que tu mirada se pierda en la belleza de sus arcos o en el ambiente de sus terrazas. Sin embargo, en una de sus columnas se esconde un detalle que, hace siglos, era el centro de la vida económica de la ciudad: la Vara de Medir.
Una anécdota que me erizó la piel
Como guía, siempre digo que cada visita es un mundo, pero hay días que se quedan grabados en la memoria. La fotografía que ilustra este artículo es el reflejo de uno de esos momentos mágicos.
Hace poco, al finalizar una visita me sorprendió ver a dos hombres cerca de la columna, me acerqué a ellos, estaban intentando encajar una vara en la hendidura y «sorpresa» encajaba a la perfección. Este señor comentaba que la vara perteneció a sus antepasados de origen portugués y tenía la curiosidad de saber si era la misma medida, ya que siempre escuchó que su vara, era una Vara Castellana. En un papelito llevaba escritas las medidas y yo que siempre llevo un metro, se lo ofrecí, y sonriente comprobó que era la misma medida.

Un momento mágico: la historia vuelve a encajar siglos después. Un visitante trajo su vara de madera familiar y pudimos comprobar que sigue siendo idéntica a la medida oficial grabada en la columna de la Plaza Chica.
Un estándar de justicia en piedra
Antes de que el sistema métrico decimal llegara para unificar parte del mundo, el comercio era un laberinto de medidas locales. En Zafra, epicentro de ferias y mercados desde el siglo XIV-XV, era la Vara Castellana.
Podría decirte su medida, o la puedes buscar por internet, pero yo te aconsejo que la veas y palpes insitu e intentes deducir su medida. Por si te lo estabas preguntando… sí, siempre voy preparada. En mi bolso de guía nunca falta un metro. Me encanta sacarlo durante la visita para que seas tu mismo quien compruebes las dimensiones exactas de la Vara de Zafra y así verificar si has hecho bien el cálculo.
Esa marca en la columna no es un adorno, era el patrón público donde compradores y vendedores verificaban que las telas, cuerdas o cueros tenían la longitud prometida. Si sospechabas de un engaño, solo tenías que caminar unos pasos hasta esta columna. También en la Plaza Chica estaba el cuarto del Almotacén: El guardián de la honestidad, este era el funcionario encargado de vigilar los pesos y las medias.
¿Quieres vivir tu propia experiencia en Zafra?
Si quieres descubrir el Arquillo del Pan, La vara, o conocer los secretos que guardan las columnas de mármol de nuestras plazas, te espero en mis rutas oficiales.

