Zafra Ducal: La huella de los Figueroa en la «Sevilla la Chica»
Zafra no se explica sin los Suárez de Figueroa. Pasear por sus calles sin conocer la historia de esta linaje es como contemplar un cuadro a oscuras: se adivinan las formas, pero se pierden los matices. Como Guía Oficial e informadora de esta ciudad, hoy abro para ti las crónicas de un estado señorial que convirtió a una villa extremeña en un referente del humanismo y el poder del Siglo de Oro.
El ascenso de los Figueroa: De Señores a Duques
La historia de la Zafra que hoy admiramos comienza en 1394, cuando el Rey Enrique III concede el señorío de la villa a Don Gomes Suarez de Figueroa, hijo de Don Lorenzo Suárez de Figueroa, Maestre de la Orden de Santiago. Lo que empezó como una concesión estratégica en la frontera con el Reino de Sevilla, acabó convirtiéndose en uno de los ducados más influyentes de la Corona Española.
Los Figueroa fueron mecenas, políticos y visionarios. Bajo su mando, Zafra pasó de ser un enclave defensivo a una ciudad abierta, comercial y culta, ganándose a pulso el sobrenombre de la «Sevilla la Chica».

El Alcázar-Palacio: El corazón del Estado de Feria
El monumento que domina nuestro horizonte es el Alcázar de los Duques de Feria. Construido en 1437 como residencia principal del linaje, con ocho torres almenadas macizas y su imponente torre del homenaje, el edificio sufrió una transformación fascinante a finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, dándole un aspecto más palaciego.
Es en este momento cuando se construye su joya más preciada: el Patio de Mármol. Este espacio, rompe con la sobriedad exterior.
Un urbanismo diseñado para el encuentro
Los Duques entendieron que una capital necesitaba espacios para el comercio. Así propiciaron la actividad comercial en las Plaza Grande y la Plaza Chica, unidas por el Arquillo del Pan.
- La Plaza Chica: Fue el centro administrativo original y centro comercial. Si te fijas en una de las columnas de sus soportales, aún puedes ver la Vara de Medir.
- La Plaza Grande: Más amplia y señorial fue el centro religioso y, refleja el crecimiento de la ciudad en el siglo XVI.
El legado sacro: La Colegiata y Zurbarán
Ninguna visita a la Zafra Ducal estaría completa sin entrar en la Insigne Iglesia Colegial de la Candelaria. Los Figueroa dotaron a este templo de una riqueza artística inaudita, prueba de ello es el magnífico retablo mayor, obra del maestro Blas Escobar con sus impresionantes columnas salomónicas y relieves atribuidos a La Roldana. Y sin duda una de sus mas preciadas joyas, es el retablo conocido como el de la Virgen de los Remedios, costeado por un rico mercader con espectaculares obras de Zurbarán.
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